La  Marca cobra importancia por definir los valores que quieres que se relacionen con ella. Hay que buscar la competitividad y la calidad del producto, pero la marca es la enseña con la que vas llegar a tus clientes, a los socios y empleados. Además del producto, la marca son los valores junto a la historia que hay detrás de una empresa; la cara con la que se percibe y será recordada. Por eso es importante con ese pasado y código de valores elegir cuidadosamente los objetivos generales de la empresa (Plan estratégico). Y una vez que han sido definidos integrarlos, para incorporarlos a los departamentos correspondientes (Plan Operativo). Pero para integrarlos adecuadamente es indispensable tener la marca bien definida, con el fin de prosperar y facilitar la comunicación interna. Existe por tanto una relación entre la Marca, el Plan Estratégico y el Operativo.

Como bien dice el dicho: “haz bien y no mires a quien.”

Puede parecer ingenuo hablar en los negocios del buen hacer desinteresado y cooperativo, nada más lejos de la realidad. Pero no hay que perder el  principal objetivo de la empresa, que es la rentabilidad. Aunque si descuidamos el buen hacer en la empresa, su rentabilidad se verá severamente castigada. La Marca está definida para desarrollar no solo una “imagen corporativa”, un manual de estilo o un logotipo. También va unida a una serie de protocolos y valores por los que se rige  empresa, e indirectamente marcarán la tendencia en las relaciones interpersonales, tanto externas como internas. Al final son las personas el motor y el músculo en el que se soporta la organización.

Esa es una de las razones por las que 8 de cada 10 empresas fracasan en su herencia. Empresas  rentables y con un crecimiento positivo se han ido a pique cuando el principal emprendedor que levantó de la nada deja el liderazgo a sus hijos. Y la raíz de la causa de su desaparición no siempre tiene que ver con el producto y los movimientos financieros. Puede ser que inconscientemente se cambiara la Marca de la compañía, los protocolos internos y las prioridades de los objetivos. Faltando el buen hacer y la importancia de cuidar los valores con los que se realizan los procesos más sencillos.

Marca:

Estamos acostumbrados a escuchar el término de “Marca” a los departamentos comerciales, porque la marca está muy unida a factores que potencian las ventas. Como por ejemplo: la reputación, la calidad, el trato… Pero es más que eso, y la percepción del término más allá del departamento comercial se difumina, desdibujándose en su significado.

Si todos los integrantes de la empresa están pensando en valores positivos y en cómo mejorar su trabajo, es bastante probable que el producto final y el trato con el cliente mejoren considerablemente. Además hace más fácil la adaptación de la empresa al mercado. Pero si nos encontramos en una compañía cuyo entorno está viciado por la desconfianza y cada persona piensa en su interés particular, se degenera el trabajo interno y las relaciones interpersonales de los socios/empleados. E ineludiblemente en ese marco de desconfianza e incompetencia se verá reflejado en los productos que a su vez repercutirán en la percepción de nuestra marca de cara al cliente. La conclusión es clara: el positivismo y los buenos valores están ligados a la rentabilidad. Pero aplicarlos e internalizar las buenas prácticas no es sencillo…

Plan estratégico, e implementación con Plan operativo:

Con todo el argumentario de valores de marca es cuando podemos empezar a pensar en el plan estratégico. EL Plan Estratégico define los objetivos de la empresa y las protocolos de como se van a ejecutar objetivos, a la vez de la priorización según la misión y la visión de la Marca. El resultado de todo ese plan estratégico será desarrollado y planificado para ser puesto en práctica en un Plan Operativo.

La clave para lograr implementar un Plan Estratégico va unida a una comunicación fluida. Es esencial que dentro de toda nuestra organización todo el mundo sea capaz de entender y de explicarse con detalle desarrollando las habilidades de trabajo en equipo. O corremos el riesgo de no ser capaces de implementar de manera efectiva el Plan Estratégico.

Para entender de que hablamos, podemos poner el símil de una orquesta, enfocándola como si fuera una empresa:

El objetivo es tocar  la “Sinfonía número 7 de Beethoven” (Plan Estratégico), cuya ejecución depende del director de la orquesta (Director Ejecutivo). Cada departamento, cada familia de instrumentos tienen su propia partitura,con sus notas y tiempos (Plan Operativo). Deben sonar armónicamente y tocar al mismo ritmo marcado por el director, de lo contrario, por muy virtuosos que sean los músicos el resultado será… discordante. La ejecución y la comunicación va unida a la Batuta. Con la Batuta el director puede hacer llegar el ritmo, y las interpretaciones y licencias sobre el marco general de la Sinfonía para conmover al público y dar el toque personal de la orquesta (MARCA). También puede hacerse entender de una forma general, o llamar la atención particular a un determinado músico o familia de instrumentos para que se adapten a la pieza y el ritmo que se ha programado. Cada músico debe saber atender al ritmo marcado, aunque sea en deferencia a la interpretación personal de su instrumento por el buen sonido general de la sinfonía. Y mientras mayor sea la orquesta  más difícil será ver la batuta o estar pendiente de ella.

Por muy buenos empleados que existan en una empresa, y por muy buen trabajo que haga cada uno de ellos, sin un Plan estratégico, un director ejecutivo eficiente junto con una Marca definida. El producto resultante y la percepción externa será improbable que sea rentable, y si lo es no sacará el máximo de su potencial.

“Si no sabemos a dónde vamos, no llegaremos a ninguna parte”  “Si se sabe llegar y dar las indicaciones adecuadas, es muy probable tener compañía en el punto de encuentro”.

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