Durante la segunda Guerra Mundial, Lazarsfeld y Katz llevaron a cabo la “teoría de los dos pasos” (The Personal Influence, 1955) en la que desarrollaron que un líder de opinión posee cuatro características:

  1. Carisma

  2. Conocimientos específicos y superiores al promedio

  3. Identificarse con la población

  4. Ser fácilmente reconocible

En la era de las redes sociales,  los públicos siguen buscando sus caminos y son persuadidos por esas personas que influyen en ellos a través de una recomendación de una lectura o de un producto.

Estas personas son los influencer, los podemos definir como los nuevos líderes de opinión de Lazarsfeld. Esta figura tiene influencia (valga la redundancia) y credibilidad en redes sociales gracias a su creatividad, a su conocimiento, o a alguna cualidad que sea un elemento de diferenciación dentro de la marea de mensajes.

¿Por qué influencer?

Las personas tenemos la necesidad de un reforzamiento de nuestras ideas, buscamos algo que nos haga únicos, pero necesitamos una aprobación,  es decir, que otras personas nos digan que está bien llevar a cabo esas ideas, esa compra, etc. Ese es el papel del influencer, en una sociedad donde cada vez hay más ruido la credibilidad es un valor.

Por ejemplo, si queremos comprar un producto pero no encontramos un valor que nos haga decantarnos, los influencer nos “ayudarán” a decantarnos por uno u otro. Esto no quiere decir que todos valgan para todo. Por ejemplo, si queremos comprar un pantalón no basaremos nuestra decisión en un experto sobre salud y si en uno de moda.

Un influencer puede ser un periodista, un actor o actriz, un científico, etc. Pero también puede ser alguien al que las nuevas tecnologías  han abierto una ventana y le han dotado de una credibilidad que a través de los medios de comunicación clásicos nunca hubiese tenido. Hablamos de bloggers, vine stars, youtubers…

La razón por la que un influencer anuncia una marca, no es otra que económica. Pero no debemos olvidar que el dinero no lo es todo cuando la reputación está en juego. Los influencer no apoyan a la primera marca que llega con dinero, es más suelen ser precavidos y cuidan de su imagen pública por encima de una suculenta suma de dinero. Viven de su credibilidad y de su valor, sus clientes son sus legiones de seguidores y cualquier decisión que les pueda costar “unfollow” es rápidamente desechada.

Los nuevos líderes de opinión del Siglo XXI no son señores con ingentes cantidades de gomina, un léxico amplio y trajes hechos a medida protagonizando anuncios en “prime time”. Más bien son personas que irradian naturalidad y que aparecen a través de las redes sociales a cualquier hora en nuestras pantallas.

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